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La ciudad de Málaga. Evolución de su urbanismo desde los fenicios hasta la actualidad (1/2)

Málaga encierra dentro de sus límites historia que se puede remontar a casi tres milenios. Lo primero que hay que destacar cuando se trata lo relativo a su historia es que la ciudad, en sí, es un archivo tangible del paso del tiempo y que unido a sus gentes, el activo más importante de una urbe, han dibujado una geografía urbana tan peculiar como la que caracteriza a nuestra ciudad, en una continua e intensa interacción con el momento histórico vivido en cada época.
Mainake, citada en textos del periodo arcaico griego allá por el sigo VIII a. C., si no es un emplazamiento físico propio, aunque algunas fuentes la sitúan dirección a Almuñécar, puede ser la transcripción al griego de Malaka, que sí fue una realidad urbana atribuible a los fenicios. Algunos vestigios han llegado hasta nuestros días, como son la muralla, cuyo trazado discurre bajo el palacio de la aduana y el rectorado de la Universidad, ambos en el Paseo del Parque, o la necrópolis emplazada en la calle André Pérez. Se documenta pues una serie de construcciones que muestran un asentamiento urbano plenamente consolidado y que configuraban la ciudad como urbe de primer orden. Los importantes restos cerámicos hallados, procedentes de ciudades de Grecia del este como Rodas, Samos, Quíos, así como de la propia Atenas, junto a otras procedentes de Etruria, permiten establecer la importancia que Malaka alcanzó en el contexto mediterráneo, constituyéndose como uno de los puntos claves del destino del comercio griego arcaico en esas fechas.
El imperio romano tomó el testigo de este potencial malacitano, y a Málaga, Malaka, en cuestión de le fue otorgada el estatus de ciudad de pleno derecho en el Imperio Romano, como así reza en las tablas de bronce encontradas en 1851 en lo que es hoy el barrio del Ejido; la Lex Flavia Malacitana. De igual manera, del periodo romano también nos quedan restos de la ciudad clásica que emergió aquí. La ciudad romana era una ciudad abierta, con grandes espacios, ágoras, que propiciaban el modo de vivir clásico, la política, el comercio etc. Muy propio de la arquitectura romana, el plano urbano era bastante rectangular y se proyectaba a partir del cruce de dos calles de envergadura, cardus maximus, que discurre de norte a sur, y decumanus maximus, que los hace de este a oeste. Esta intersección de vías principales era habitual en las ciudades de nueva planta en del Imperio Romano. Algunos historiadores sitúan este cruce, en el que probablemente hubiera un foro, en las calles Císter y San Agustín, arguyendo que la construcción de la catedral, muchos siglos después en alguno de los cuadrantes primigenios, y siendo un edificio capital, debía edificarse allí donde se trazara el centro urbano.
Roma cae, en el 476 d.C. y el medievo trae a Málaga invasiones y periodos de inestabilidad que obligan a la población a huir y refugiarse en los montes y otros lugares que se prestaran a dar refugio y sirvieran de defensa. Es el origen de los pueblos de Los Montes de Málaga y otros sitios de elevación geográfica. Malaka quedó pues, en una situación de regresión, carente de importancia en el panorama demográfico o comercial.
En el año 711, los árabes cruzaron el estrecho, trayendo consigo una idea nueva de urbanidad. Era la sociedad árabe eminentemente avocada a su religión. El desarrollo personal era completamente individual, limitado a la casa, con una ciudad carente de espacios abiertos y plazas para la interacción entre personas, salvo aquellas destinadas al rezo y la oración. La disposición de la planta urbana ya no era cuadrangular sino más bien irregular, con un esparcimiento de casas entre la cuales, entre sus demarcaciones y amurallamientos externos, dejaban un hueco semejante a una calle, pero carente de todo sentido clásico de encuentro entre personas. Estos arrabales, a menudo eran de trazado aleatorio, sin sentido y cerrados en el extremo. Prueba de este urbanismo árabe lo tenemos en el trazado irregular que como carácter general presenta la ciudad en algunos de sus barrios céntricos. Como elemento reseñable de la capacidad musulmana en la construcción, es el barrio edificado dentro de la propia Alcazaba. Dicho agrupamiento de casas, en apenas dos calles, tiene una disposición geométrica bastante regular curiosamente, y dan buena cuenta del grado de urbanismo y civilización en general existentes en la época.
La Málaga reconquistada por los cristianos en 1487, era una Málaga conventual. Realmente pocas modificaciones urbanísticas se hicieron tras la entrada de los Reyes Católicos en Málaga y dicho sea de paso, se respetó mucho de lo edificado por los árabes. Tan solo se acometió el trazado de ciertas calles céntricas, y eso sí, aconteció desde ese momento y durante dos siglos siguientes, una proliferación de conventos de los que se podían contabilizar al menos 24 a finales del siglo XVII. Circundando esta nueva arquitectura, la de conventos que se esparcían ya incluso extramuros, surgieron casas, viviendas, asociadas a la vida de aquellos edificios, y cuyo agrupamiento, lo que devendría posteriormente en barrios, recibirían el nombre de la orden religiosa que regía el convento sobre la que se congregaban. (El Carmen, Capuchinos, etc.).

Fotografía: wikimedia

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